miércoles, 3 de septiembre de 2008

Lo siento cariño, lo llevo en los genes.

Hoy nos hemos levantado con una curiosa noticia: los hombres son infieles por naturaleza, y ello es debido a un gen llamado Alelo 334 [noticia en 20minutos.es]. ¡¡ Infieles del Mundo !! Ahora ya hay excusa: no se puede luchar contra la naturaleza.

La infidelidad está muy mal vista, lo cual, "en cierto modo", es normal. Pero mirad que digo "en cierto modo", y es que no todos los cuernos son iguales y, aunque parezca extraño a primera vista, no siempre es el infiel quien tiene la culpa.

Empecemos por el principio: no todos los cuernos son iguales. No, no lo son. Los hay perdonables e imperdonables.
Ejemplo de cuernos perdonables (ojo, aplicable a hombres y mujeres): tienes una fuerte discusión (que además no es la primera) con tu pareja. Sales con tus amigos y te pasas media noche renegando y soltando rayos y víboras sobre tu pareja. Se te va la mano con el alcohol y terminas liándote con vete a saber quién. Te levantas al día siguiente y, cuando se pasa la resaca, llega el arrepentimiento. Te come el remordimiento y decides confesarlo. Pues si es la primera vez y realmente muestras arrepentimiento esos son cuernos perdonables. Todos somos humanos, la carne es débil y un desliz lo puede cometer cualquiera.
Ejemplo de cuernos imperdonables: lo mismo que antes pero en reiteradas ocasiones. Eso no es perdonable.
Otro ejemplo de cuernos imperdonables: mantener un amante en secreto durante un largo tiempo. ¡Es que hay que ser gilipollas para perdonar eso!

Y ahora aprovecho para predicar uno de mis axiomas vitales: los gilipollas se merecen todo lo malo (sin exagerar, claro) que les pase. ¿Has perdonado más de una infidelidad a tu pareja? ¿Lo sigues haciendo con la esperanza de que va a cambiar? ¿Tienes más cuernos que un documental de ciervos y aún así te sigues sorprendiendo de que te los sigan poniendo? Te los mereces, por tonto.

Ahora vayamos con quizá lo más controvertido: no siempre el infiel es el culpable. Cuando alguien es infiel, automáticamente es catalogado como el malo de la película. Pues no creo que esto sea siempre así. Pongámonos en situación: pareja feliz feliz se casa; pasa el tiempo; la rutina, el aburrimiento y el desinterés se apodera de la situación; él no le hace caso a ella y encima ahora está gordo, calvo y gruñón. Pues lo más normal del mundo es que ella se busque un amante, ¿o no? Otro ejemplo, más retorcido pero no menos válido: ella entra en depresión por vete a saber qué causa; un día llaman a la puerta los Testigos de Jehová (sustituible por cualquier otra confesión religiosa) y unido a una mente debilitada ¡zas, ella se ha hecho ultra-cristiana! y ahora el sexo sólo es para procrear. Se avecinan cuernos.

En fin. Como podeis ver, no siempre las cosas son lo que parecen. Eso sí, la Biblia dice una gran verdad (y que conste que soy ateo y anti-religioso): "no hagas a los demás lo que no quisieras que te hagan". Allá cada cual.

1 comentario:

Denisienta dijo...

ay amor fatal tu articulo jajajaj no me gusta nada nada nada nada nada jjajaja